En plena transformación digital de la sociedad, los sistemas educativos enfrentan uno de sus retos más importantes: preparar a las nuevas generaciones a convivir con la inteligencia artificial (IA). No se trata solo de enseñarles a usar herramientas tecnológicas, sino de ayudarlos a comprender su lógica, identificar sus límites y aprovechar su potencial de forma crítica y ética. En este contexto, el estudio PISA 2029 Media and AI Literacy (MAIL) se perfila como un hito global para evaluar si los jóvenes de 15 años tienen las habilidades mediáticas en inteligencia artificial que impliquen no solo el conocimiento para usarla sino también para interactuar con ella de forma crítica y responsable.
PISA es la evaluación internacional comparativa impulsada por la OCDE que cada tres años mide las habilidades de estudiantes en lectura, matemáticas y ciencias. En 2029 incluirá una nueva dimensión innovadora: la alfabetización mediática y en IA. Esta área evaluará cómo los jóvenes comprenden, gestionan y utilizan la IA y los medios digitales en su vida diaria.
Este enfoque pretende responder a un fenómeno creciente: los jóvenes se relacionan diariamente con sistemas algorítmicos, aunque no siempre sean conscientes de ello. Las recomendaciones que reciben en las redes sociales, los resultados que aparecen en los buscadores, los vídeos que se les sugieren o los textos e imágenes generados por IA condicionan su acceso a la información y pueden influir en sus decisiones, sus opiniones y su manera de interpretar el mundo.

La alfabetización en IA, por tanto, no se pude considerar una habilidad técnica aislada, sino un componente esencial de la ciudadanía del siglo XXI.
Una de las principales referencias conceptuales y pedagógicas para abordar este desafío es Empowering Learners for the Age of AI, el marco de alfabetización en inteligencia artificial para la educación primaria y secundaria elaborado conjuntamente por la Comisión Europea y la OCDE, con el apoyo de CodeAI y de especialistas internacionales. Después de la publicación de un borrador en mayo de 2025 y de un proceso de consulta en el que participaron más de 2.000 personas, la versión definitiva fue presentada el 18 de junio de 2026.
El marco plantea una serie de competencias organizadas en cuatro ámbitos que se relacionan entre sí. El primero es interactuar con la IA, lo que implica reconocer cuándo está presente, cómo opera y de qué forma puede influir en nuestras decisiones. El segundo, crear con IA, promueve el uso ético y reflexivo de herramientas generativas como ChatGPT o DALL·E. En tercer lugar, gestionar la IA para proteger la privacidad y comprender los riesgos vinculados al uso masivo de tecnologías automatizadas. Finalmente, dar forma a la IA, va más allá del simple uso de sistemas existentes. Invita a los estudiantes a investigar para qué y para quién ha sido diseñada una tecnología, evaluar su funcionamiento, analizar la influencia de los datos y proponer mejoras que respondan a valores humanos, perspectivas diversas y objetivos de beneficio social.
Cada competencia se acompaña, además, de expectativas de aprendizaje organizadas en niveles básico, intermedio y avanzado, así como de situaciones prácticas para el aula. Estos niveles no se vinculan rígidamente a una edad o curso escolar, ya que el punto de partida de los estudiantes depende de su contexto, sus experiencias y su grado de exposición a la tecnología. El marco pretende servir como referencia flexible para que los docentes adapten las actividades y los criterios de evaluación a las características de sus alumnos.
A diferencia de pruebas tradicionales, la evaluación MAIL propone usar simulaciones interactivas que reflejan entornos digitales reales: redes sociales, chats con IA, plataformas de vídeo o buscadores. Los estudiantes no responderán solo preguntas de opción múltiple, sino que interactuarán con sistemas generativos para demostrar cómo actúan frente a contenidos ambiguos, noticias dudosas o decisiones automatizadas.
Este enfoque reconoce que la alfabetización mediática y en IA no puede separarse de la práctica. Saber cómo funciona una IA no significa necesariamente saber cuándo confiar en ella o cómo corregirla. Por eso, el modelo propuesto apunta a conocer si se han adquirido y desarrollado habilidades complejas como el pensamiento crítico o la ética digital.
En el debate educativo, la IA ha sido defendida como una amenaza o como una oportunidad. Durante la presentación del nuevo marco, los responsables del proyecto insistieron en que el objetivo de la evaluación es determinar hasta qué punto los estudiantes han tenido oportunidades reales de aprender a desenvolverse de forma crítica, informada y activa en un entorno digital dominado por la automatización y la participación mediada. En este escenario tecnológico en expansión, medir la alfabetización mediática y en inteligencia artificial permitirá saber con mayor profundidad el grado en que los jóvenes son capaces de analizar la confiabilidad, el valor informativo y la intención de los contenidos que circulan por los medios de comunicación digitales.
Conocer los resultados de esta evaluación permitirá identificar fortalezas y debilidades de forma objetiva para que la política educativa continue ajustándose de manera específica a los desafíos, en este caso, de la alfabetización mediática y en inteligencia artificial.