Desinformación y vacunas COVID-19 en las redes sociales

La vacunación es uno de los temas vulnerables a la desinformación en línea. Si bien la oposición a las vacunas ha existido desde que se empezaran a generalizar en el siglo XIX, ha habido un claro aumento al rechazo de las mismas desde la existencia de internet (1), debido al acceso a vías de comunicación de millones de personas sin formación especializada. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (2) identificó la vacilación de las personas sobre las vacunas como una de las diez amenazas para la salud mundial en 2019.

Actualmente las personas que las rechazan tienen una presencia significativa en las redes sociales con lo que puede aumentar las dudas de muchas personas sobre si vacunarse o no, ya que basan a menudo su criterio más en lo que dice internet que en lo que les pueda contar un médico. Los viejos argumentos reaparecen en las plataformas digitales con afirmaciones como que son ineficaces, peligrosas o innecesarias, que causan discapacidades del desarrollo como el autismo, que son solo parte de un negocio o, más allá, una herramienta de una conspiración. Por ello, se hace necesario comprender la prevalencia y los tipos de argumentos que se hacen para luchar contra la desinformación sobre las vacunas (3).

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Los medios de comunicación facilitan la información relacionada con las vacunas y pueden preparar al público para tomar decisiones informadas sobre cuestiones de salud. Sin embargo, la difusión de información errónea a través de otros canales influye en la aceptación de la vacuna COVID-19, así como el hecho de que las vacunas se han desarrollado de forma muy rápida, algo insólito difícilmente comprensible para la población que esperaba un proceso más lento. Por estas razones, se llevó a cabo un estudio en junio de 2020 (4) sobre la aceptación de las vacunas en aquel momento. Los encuestados fueron 13 426 personas de 19 países. Los hombres constituían el 45,8% y las mujeres el 53,5% de la población del estudio. Más de un tercio de los encuestados (36,3%) tenía título universitario y el 62,4% tenía entre 25 y 54 años. Como afirma la investigación, los encuestados de China (712) dieron más respuestas positivas hacia la vacuna COVID-19 (631), mientras que los encuestados rusos fueron los que dieron la proporción más baja de respuestas positivas (373 de 680).  En relación a la pregunta sobre si tomarían una vacuna probada, segura y eficaz, el 71,5% de todos los encuestados respondió que la tomaría, en concreto los encuestados de China dieron la proporción de respuestas negativas más bajas (5 de 712) mientras que los encuestados polacos dieron las más altas (182 de 666).

Ha habido investigaciones sobre cómo los movimientos antivacuna COVID-19 usan las redes sociales para propagar desinformación. Una de ellas analizó la presencia de los antivacuna en Facebook (5). Demostró que las páginas antivacunas tienen menos seguidores que las páginas pro-vacunas, pero son más numerosas y crecen más rápido. En concreto, encontraron 317 páginas antivacunas con un total de 4,2 millones de seguidores frente a las 124 páginas pro-vacunas con un total de 6,9 millones de seguidores. Para analizar su crecimiento, los investigadores contaron los enlaces de cada página a otras páginas en las que se hablaba de vacunas, y los enlaces de esas páginas a otras más. Concluyeron que la influencia de los antivacuna en los indecisos es mayor que la de los pro-vacuna al propagar más rápidamente desinformación y contar con más páginas.

Los factores que influyen en las dudas sobre la vacunación pueden ser emocionales, socioculturales y políticos e impactan en mayor o en menor medida dependiendo de la confianza de la población en los políticos que deciden la estrategia de vacunación, en los profesionales de la salud y en la información que se transmite en los medios de comunicación o en las propias redes sociales. Estas forman parte de nuestra comunicación cotidiana y son beneficiosas cuando las autoridades sanitarias y políticas informan a los ciudadanos sobre una crisis y sus soluciones. Sin embargo, cuando es prioritario el interés político individual sobre la salud y la seguridad pública aumenta la desconfianza y la vacilación en la toma de decisiones de los ciudadanos como es vacunarse. Por ello, las redes sociales deben despolitizarse para combatir la desinformación sobre la COVID-19 y las vacunas (6).

(1) DiResta, R. (8 de noviembre de 2018). Of virality and viruses: the anti-vaccine movement and social media. NAPSNet Special Reports. https://nautilus.org/napsnet/napsnet-special-reports/of-virality-and-viruses-the-anti-vaccine-movement-and-social-media/

(2) Organización Mundial de la Salud (Ed.) (2019). Ten threats to global health in 2019. https://bit.ly/3hHEShr

(3) Jamison, A.; Broniatowski, D. A.; Smith, M. C.; Parikh, K. S.; Malik, A.; Dredze, M. & Quinn, S. C. (2020). Adapting and Extending a Typology to Identify Vaccine Misinformation on Twitter. American Journal of Public Health, 110 (3), 331–339. https://doi.org/10.2105/AJPH.2020.305940

(4) Lazarus, J., Ratzan, S., Palayew, A., Gostin L., Rabin K., Kimball S. & El Mohandes A. (2021) A global survey of potential acceptance of a COVID-19 vaccine. Nat Med 27, 225–228. https://doi.org/10.1038/s41591-020-1124-9

(5) Wadman M. (2020). Antivaccine forces gaining online. Science (New York, N.Y.)368(6492), 699. https://doi.org/10.1126/science.368.6492.699

(6) Coombs, W.T. (2020). Public Sector Crises: Realizations from Covid-19 for Crisis Communication. Partecipazione e Conflitto, 13, 990-1001. 10.1285/I20356609V13I2P990

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