
Las posibilidades aparentemente ilimitadas de la participación ciudadana en las redes sociales se ven afectadas por la polarización del debate, el estilo agresivo de comunicación y el efecto silenciador que produce el acoso en línea o el cyberbulling (1). Este ha surgido desde que las redes sociales aparecieran y se convirtieran en herramientas de comunicación y se produce con más facilidad debido a que permiten el anonimato y la libertad de expresión haciendo que muchas personas sean más vulnerables al acoso en línea por su origen étnico, su género o su ideología. El acoso en línea constituye un daño intencional y repetido realizado por una persona o grupo de personas mediante medios electrónicos a otra u otras que no pueden defenderse fácilmente (2).
El uso generalizado de dispositivos móviles supone que el acoso en línea es fácil de provocar porque puede hacerse desde un lugar distante y puede ser continuado en el tiempo y en el espacio. Mientras que el acoso tradicional puede suceder en un único lugar como la escuela o el trabajo, el ciberacoso puede trasladarse a cualquier lugar y a cualquier hora. La consecuencia inmediata es que la persona acosada no puede escapar nunca de su acosador al que ni siquiera puede conocer.
El acoso en línea tiene entre sus objetivos provocar el miedo en una persona o un grupo y su efecto inmediato es silenciador, ya que las personas se abstienen de expresar sus opiniones o se vuelven más cautas a la hora de hacerlo. El acoso en línea de género es un ejemplo. En un estudio (1) basado en dos encuestas realizadas en 2013 y 2016 a mujeres (783 en 2013 y 2443 en 2016) y a hombres (751 en 2013 y 2611 en 2016) para saber si habían recibido en redes sociales algún tipo de comentario desagradable o de odio, el resultado fue que los hombres que informaron de haber sufrido este tipo de acoso constituían un 6,8 % (2013) y un 20,6% (2016) frente al 6,4% (2013) y 14% (2016) de las mujeres. A partir de esos porcentajes se comprobó que los hombres sufren mayor acoso en línea que las mujeres por la expresión de sus opiniones, sobre todo, políticas. Este acoso consiste en que reciben más mensajes desagradables u odiosos en relación a estas opiniones. También es cierto que los hombres son más acosados porque comparten más su opiniones públicamente. Si las mujeres reciben menos acoso es porque son menos activas en redes.
Sin embargo, la misma investigación analizó el efecto silenciador del acoso en línea distinguiendo entre el acoso que se produce por emitir una opinión y el que surge por ser uno quién es según el género. El resultado fue que el acoso por ser quién es tiene mayor probabilidad de silenciar que el acoso por lo que la gente piensa. En este caso, las mujeres se ven más afectadas que los hombres por los mensajes que se dirigen a ellas por ser mujeres y no por lo que piensan. Esto es debido al nivel de agresividad de las palabras, el tono y el estilo de los mensajes.
Igualmente, las mujeres que participan en las redes sociales perciben el riesgo que conlleva pertenecer a un género que históricamente ha sido excluido en muchos ámbitos. Por ello, son más cautas a la hora de expresar sus opiniones, incluso se silencian a sí mismas.
Una encuesta de Pew Research Center (3) realizada en 2020 a 10 093 estadounidenses adultos encontró que el 41% había sufrido algún tipo de acoso en línea. Aproximadamente la mitad de las mujeres (47%) informan de haber sufrido acoso debido a su género y el 33% de las mujeres menores de 35 años han sufrido acoso sexual en red. Estos datos reflejan que el acoso debido al género ha aumentado un 6% desde 2017. Asimismo, los encuestados citan como inicio del acoso sufrido en línea la política, el género y su origen étnico. Las redes sociales siguen siendo los espacios donde se produce mayoritariamente el acoso en línea según confirmaron un 75% de los encuestados.

En otro estudio realizado en Italia (4) en el que se analizó el discurso de odio en línea en Twitter encontró que los objetivos más frecuentes son mujeres, inmigrantes, gays y lesbianas. De los aproximadamente 2,5 millones de tuits recogidos durante 7 meses, un 18% contenían términos negativos dirigidos a uno de los seis grupos objetivo (mujeres, inmigrantes, gays y lesbianas, musulmanes, judíos y personas con discapacidad). Las mujeres fueron el grupo más insultado (60,4%), seguidos de inmigrantes con un 10,4% y gays y lesbianas con un 10,3%. Si bien alguien podría argumentar que el ciberacoso no representa el discurso de odio de la sociedad, los investigadores demostraron que los objetivos de este tipo de discurso coincidían con los del informe de intolerancia que realiza el gobierno italiano.
Esta situación ha originado que figuras y movimientos feministas promuevan espacios seguros en la red para la libre expresión. Uno de los ejemplos son grupos de Facebook o los blogs de autoras feministas que les permiten compartir reflexiones e interaccionar entre ellas y entre sus seguidores haciendo que se amplifiquen sus ideas y generando campañas en contra de la violencia a las que se ven sometidas por ser mujeres.
La intensificación del acoso en línea a las mujeres es una respuesta a la mayor visibilidad de figuras y movimientos feministas en los medios de comunicación. Esto ha provocado que la agresividad contra ellas sea también mayor hasta el punto de silenciarlas. En realidad, este tipo de acoso es un reflejo de una arraigada estructura de poder en la que la mujer ocupa un lugar inferior.
(1) Nadim M & Fladmoe A. (2021) Silencing Women? Gender and Online Harassment. Social Science Computer Review, 39 (2), 245-258. https://doi.org/10.1177/0894439319865518
(2) Smith, P., Mahdavi, J., Carvalho, M., Fisher, S., Russell, S. & Tippett, N. (2008). Cyberbullying: its nature and impact in secondary school pupils. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 49(4). https://doi.org/10.1111/j.1469-7610.2007.01846.x
(3) Vogels, E. (2020). The state of on line harassment. https://www.pewresearch.org/internet/2021/01/13/the-state-of-online-harassment/
(4) Lingiardi, V., Carone, N., Semeraro, G., Musto, C., D’Amico, M. & Silvia Brena (2019) Mapping Twitter hate speech towards social and sexual minorities: a lexicon-based approach to semantic content analysis, Behaviour & Information Technology, 39 (7), 711-721. https://doi.org/10.1080/0144929X.2019.1607903