Alfabetización mediática frente a las teorías de la conspiración

Las teorías de la conspiración son uno de los mecanismos para manipular la información de forma intencionada. Presentan teorías resistentes a los hechos y cuentan historias poco fundamentadas que tratan de explicar la realidad de forma alternativa con información falsa.  De acuerdo con el contexto mediático de la segunda década del siglo XXI, estas teorías son más visibles y tienen mayor alcance debido a los entornos digitales por los que circulan. Detrás de ellas, hay círculos de poder que las mantienen en el tiempo para lograr principalmente beneficios políticos o económicos.

En los entornos digitales actuales, las teorías conspirativas conviven con la información veraz y rigurosa en los mismos espacios como, por ejemplo, las redes sociales. Esta convivencia provoca confusión en el ciudadano, haciendo que no sepa separar la información falsa de la verdadera. Además, dichas teorías se caracterizan por tener un poder de narrativa convincente, ya que constituyen historias muy bien contadas que hace que las personas se resistan a creer que no son verdad. En este sentido, el mecanismo por el que funciona una teoría de la conspiración ha sido explicado por la teoría del razonamiento motivado. Este puede ser impulsado por los objetivos personales de un individuo que busca una conclusión particular que se ajuste a sus creencias previas.

Las teorías que surgen en el ámbito político buscan, entre otros objetivos,  diseminar desinformación desestabilizando los gobiernos y los medios de comunicación. Un ejemplo actual es la teoría de la conspiración pro Trump llamada QAnon que empezó a publicar textos en línea en 2017 como si estuviera relevando información de alto secreto a través de pistas. Su creencia principal es que el entonces presidente Trump estaba luchando contra los que sabotean el país y generan información falsa sobre personas, organizaciones e instituciones que suponen una barrera para la política del exmandatario. No se sabe quién está detrás, pero lo increíble es la gran aceptación que tiene y la amenaza que supuso en las elecciones estadounidenses de 2020.

¿Qué se puede hacer para frenar una teoría de la conspiración?

Se podría pensar que haciendo una corrección pública de afirmaciones falsas logra que se deseche la información errónea. Sin embargo, puede tener el efecto contrario al deseado y reforzar la información incorrecta original. Este fenómeno se denomina “ecos de creencias” (Thorson, 2016) y se produce incluso cuando la información es corregida inmediatamente. Esto supone una preocupación más a los verificadores de datos porque su propia corrección puede provocar un no intencionado refuerzo a la información falsa.

Lo que demuestra la evidencia es que si tuviéramos un mayor conocimiento de los medios de comunicación, tendríamos  menos posibilidades de creer una teoría de la conspiración. Así lo demuestra el estudio News media literacy and conspirancy theory endorsment realizado en 2017.

Los investigadores del estudio realizaron una encuesta web a 397 participantes que incluía preguntas sobre si la mayoría de los medios de comunicación estadounidenses son negocios con fines de lucro; si la política trata temas triviales en lugar de centrarse en temas de fondo, y si las personas que ven más noticias de televisión tiende a pensar que el mundo es más violento de lo que realmente es. Igualmente, los participantes informaron de su perfil ideológico, ya que las teorías de la conspiración tienen bastante carga política. De esta manera, del número total de participantes, 195 (49,1%) se consideraban liberales, 126 (31,7%) conservadores y el resto, 76 (19,1%), moderados. Los resultados fueron que las personas que creen en las teorías de la conspiración saben poco sobre cómo funcionan los medios de comunicación (tipos de noticias, el uso de la publicidad digital o los efectos de las noticias en la opinión pública). También confirmaron que todos los participantes tienden a respaldar aquellas teorías de la conspiración que son afines a su ideología, aunque con mayor conocimiento de los medios de comunicación esa tendencia es moderada. Al igual sucede con las afirmaciones políticas, cuanto mayor sea la alfabetización mediática, se detectará mejor lo que es objetivo, preciso y menos partidista. Por último, el estudio demostró el beneficio de alfabetizar a los ciudadanos en relación con algunos aspectos de la política como votar o hacer campaña, acciones que implican una toma de decisiones informada. La teoría de la conspiración se aprovecha del desconocimiento para la manipulación.

El estudio de Craft (2017) también demostró que la alfabetización mediática es uno de los instrumentos para detectar  las teorías de la conspiración y discriminar la información falsa de la verdadera. Ha sido definida como  la capacidad de analizar, evaluar e interpretar los mensajes que aparecen en distintos medios (radio, televisión, prensa) y que se difunden mediante canales tradicionales o digitales. Es una herramienta que empodera a los ciudadanos, crea conciencia y ayuda a contrarrestar los efectos de las campañas de desinformación y difusión de noticias falsas a través de medios digitales. Además, la investigación resalta que la formación en alfabetización mediática también está relacionada con una mayor percepción de la credibilidad y confianza en los medios de comunicación, aparte de que ayuda a anular las creencias previas. En relación con el consumo de noticias, la alfabetización mediática fomenta una actitud escéptica y un espíritu crítico hacia su contenido, su producción y distribución.

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Artículo actualizado el 4 de septiembre de 2021.

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