El filósofo Aristóteles definió la (justa) indignación como “el dolor que se experimenta al ver la fortuna de alguno que no la merece y apela a que el hombre que solo se indigna con razón merece alabanza”[1]. Sin embargo, si él calificó a esta indignación como justa, entonces ¿hay otra que es injusta?
En el ecosistema comunicativo de las redes sociales, esta “justa indignación”, ha sido analizada y valorada con resultados diferentes. Hay estudios[2] que afirman que compartir la indignación en las redes sociales puede crear un conocimiento común y organizar comportamientos colectivos en torno a cuestiones morales importantes, es decir, la indignación compartida puede desarrollar acciones colectivas positivas. Sin embargo, hay otros, como el expuesto en la publicación “How Effective Is Online Outrage?” que concluyen que la indignación tiene más desventajas que ventajas.
De acuerdo con el citado artículo, aunque la indignación dé lugar a un determinado comportamiento colectivo grupal (recuerde el efecto del célebre ensayo “Indignaos” de Stéphane Hessel) también puede producir que la acción colectiva no sea efectiva en el cumplimiento de los objetivos grupales a largo plazo. Una acción efectiva requiere motivación para desencadenarse y capacidad de actuar estratégicamente. Sin embargo ¿qué es lo que impide a la indignación alinear acciones con los objetivos? Según los autores del artículo, la ira. Esta emoción afecta a la toma de decisiones estratégicas ya que reduce la capacidad de considerar las consecuencias a largo plazo y evaluar los riesgos. Las personas que toman decisiones enfadadas tienden a ser desconfiadas, culpan a otros de lo que ocurre y simplifican los temas complejos. Consecuencia: la ira obstaculiza el progreso comunitario y la resolución de conflictos sociales.
En las redes sociales, la expresión de la indignación puede que no consiga la efectividad de una acción colectiva. Una de las razones es porque las redes sociales amplifican el ruido más que la propia indignación y, por tanto, minimizan las causas más valiosas de su acción colectiva, evitando que los grupos unan esfuerzos colectivos para conseguir aquellos objetivos que se marcaron.
Además, hay que tener en cuenta que la indignación en línea puede que evolucione hacia otros temas ineficaces o secundarios, haciendo que los temas sean convincentes en su primera fase, pero, a largo plazo, son sustituidos por otros aspectos que diluyen el tema original, desplazan la atención y hacen que los temas originales no obtengan resultados.
Otro efecto negativo de la indignación en línea es la participación restringida en la esfera pública de aquellos grupos que otros, considerados privilegiados, se ocupan de silenciar. Si se pretende lograr una acción colectiva efectiva para el cambio social hay que integrar un gran número de partes interesadas y diversas. El ejemplo que aportan los autores es el abandono de las redes sociales o la no publicación en las mismas por parte de colectivos que han sufrido acoso en línea como es el caso del 25% de estadounidenses de raza negra que ha sufrido acoso racial y un porcentaje similar de mujeres que han sufrido acoso sexual. Esto ha supuesto, en el uso general de las redes sociales, que el 27% de los adultos no publica en línea y el 13% abandonó las redes sociales después de presenciar un acoso[3]. Por lo tanto, si las personas vulnerables participan menos en los debates en línea, la indignación solo refleja la opinión de los privilegiados y no una opinión social diversa.
Por lo tanto, para los autores del artículo, la indignación puede conducir a la restricción de participación en la expresión de opinión pública y, si no es estratégica, conduce a la ira.
Sin embargo, la ira bien canalizada puede avanzar hacia soluciones más constructivas. En este sentido, la publicación “Asking different questions about outrage: A reply to Brady and Crockett?” afirma que la ira también puede ser productiva, específicamente en contextos intergrupales y siempre que no esté acompañada de odio. Igualmente, señalan que la indignación en línea es solo una posible respuesta conductual asociada a experimentar indignación y esta se puede dar de diferentes formas como pueden ser una protesta pacífica o una votación. Incluso cuando la indignación lleva a la gente a participar en las redes sociales, no solo se genera destrucción siempre que haya opciones de respuestas constructivas, es decir, ante algo indignante puede surgir la oportunidad de construir, de solucionar, de educar. Estas serían las consecuencias positivas de una justa indignación, aquella que surge con razón y que finaliza a través de un proceso de acción colectiva para construir una sociedad mejor.
Para saber más:
- Brady, J. y Crockett, J. (2019). How effective is online outrage? Trends in Cognitive Sciences, 23, 79-80. https://doi.org/10.1016/j.tics.2018.11.004
- Spring, V., Daryl, C. & Cikara, M. (2019). Asking different questions about outrage: A reply to Brady and Crockett. Trends in Cognitive Sciences, 23, 80-82. https://doi.org/10.1016/j.tics.2018.11.006
[1] La gran moral. De la indignación que inspira el sentimiento de la justicia. Libro primero, capítulo XXV.
[2] Spring, V. et al. (2018). The upside of outrage. Trends in Cognitive Sciences, 22, 1067-1069.
[3] Duggan, M. (2017) Online Harrassment 2017. Pew Res. Center http://www.pewinternet.org/2017/07/11/online-harassment-2017/